1) ENTIENDE BIEN:
todos los términos del problema: Asegúrate de que comprendes cada dato,
cada frase. Qué es lo que te piden, en qué puedes basarte … Si el
enunciado es algo complicado, intenta explicártelo a ti mismo o a otra
persona.
2) PON EN TENSION TODOS TUS RESORTES MENTALES: Concéntrate al máximo, pues resolver problemas es una actividad mental compleja.
3) Pon en juego buenas dosis de PACIENCIA Y CONSTANCIA. No abandones a la menor dificultad. Cada problema requiere su tiempo.
4) RESUELVE DE NUEVO:
los problemas complicados. Si para resolver un problema has necesitado
ayuda, vuelve a intentarlo por tu cuenta es misma tarde. Y nuevamente,
algunos días después.
5) REFLEXIONA SOBRE OTRAS FORMAS DE RESOLUCION:
Si te han mostrado una resolución distinta a la tuya, muestra interés
por ella, intentando entenderla. Después, prueba a resolverlo por ese
método.
6) SÁCALES PARTIDO A LOS BUENOS PROBLEMAS:
Los buenos problemas son una fuente de aprendizaje. El “volver a hacer”
un problema mejorando la redacción, explicitando algún paso,
encontrando algún atajo …., lejos de ser una pérdida de tiempo, es un
ejercicio magnífico. Y si el problema es interesante, es posible que
puedas: a) Generalizar; b) Inventar uno parecido (más fácil, más
difícil) ; Cuestionarte sobre lo que ocurriría si se suprimiera tal o
cual condición, si se añadiera otra …
7) INTERCAMBIA CONCLUSIONES:
con tus compañeros. Los problema se piensan individualmente. Pero en
algunas situaciones tendrá sentido hacer un estudio en grupo para buscar
ideas que se encaminen a la solución. También es muy provechoso el
intercambio de ideas después de haber resuelto el problema y es
beneficioso hacer estas reflexiones sistemáticamente.
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